Desayuno sin diamantes |
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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005. Templadas evocaciones Versos de Ezra Pound.Revisionado de Lolita cuando el tiempo ha borrado todo lo subjetivo y lo que queda es una realidad radicalmente distinta. Un par de cajas que guardan recortes de periódico, cuadros de Chagall, cartas alternas de Francia e Italia y números de teléfono petrificados. Todo inservible y tan válido. Aquí no se tira nada, porque cada cosa es una letra necesaria para engarzar una frase. Cualquier frase, hasta completarlo todo. Una agenda de hace cuatro años, tan vaga en mi memoria y tan precisa conforme vuelvo las páginas. Y nombres de mujeres: Frida (Kahlo), Anaïs (Nin), Simone (de Beauvoir). Ahí estaban las rosas, en la lluvia. -No las cortes- le supliqué, -Mucho no durarán- dijo ella -Pero están tan hermosas, donde están- -Bah, todos fuimos hermosos alguna vez- dijo y las cortó y me las puso en la mano. (¿Ezra Pound o William Carlos Williams?) Cambio de señasDescalza, desde mi balcón, sigo los círculos de las golondrinas y atiendo al revuelo de mi plaza de toda la vida. Demasiadas voces juntas, saludos afectuosos que se funden entre aplausos que resuenan. Fotos de rigor y el antiguo alcalde se gira y se marcha antes del despliegue. Su hijo también murió entonces, pero es otro periodista quien da nombre a mi plaza ahora. Tres malas nochesLa primera, supuestamente tenía que llegar a una casa situada en alguna urbanización extraña. Muchísimas flores brillantísimas en los parterres y mi coche incapaz de subir tantas pendientes. No llegaba nunca y todo el mundo esperándome. La segunda, llegaba a una casa muy lúgubre y desgastada, que olía a humedad, y la señora con cara de tristeza me indicaba un está ahí con demasiada convicción. Se cruzaron veinte gatos. La tercera, a las 21:00 nunca queda nadie en la facultad, pero yo me paseaba tan tranquila por los pasillos del s. XVI, con un camisón blanco. Llovía tanto que no pude hacer otra cosa más que llorar. Necesitaba que alguien viniera a buscarme. De finales sin alternativaSí. Que él y yo seamos hoy como seres anónimos, el uno del otro, sí ha tenido cierta relevancia en los días (meses) que han seguido. Aparte del lógico cambio de agendas rutinarias. Él, que siempre ha sido el él de este desayuno ha sido un punto de inflexión –y reflexión- en general, y si no hacia bien, sin duda sí hacia mí. El colmo o la gran gota de agua que hace que rebose todo es que, por otro lado, regrese vince, tras dos años, y llamando a la puerta como quien regresa de tomar dos copas. Y no. Una semana dándole largas. Nos vemos esta noche, con suerte, para acabar descifrando cómo hoy ya no hay nada que ver. Se irá y empiezo a imaginar que no volveremos a vernos. Se irá también y se llevará ese trozo de París en su guantera. Ni siquiera me apena la idea. Todo aquello se pasó y ni me importa, al fin. Ya hace tiempo que así lo veo, ahora soy yo. Lectura comprimidaParece ser que antes de saber leer le preguntaba a mi madre cómo se llamaba cada muñeca y qué hacía, así cuando llegábamos a la tienda, yo me dedicaba a “leer” aquello que la caja contaba sobre su correspondiente muñeca. Cuando aprendí a leer, no dejaba de hacerlo durante toda la tarde, contándole cuentos a mis hermanos, leyendo a mis abuelos y dando un telediario desde mi escritorio con el oportuno tema de historia. La mañana del día de mi comunión, llegaron un par de niñas a casa corriendo, a comunicarme que me habían elegido entre todos para que fuera yo quien leyera. Así que allí subí yo, tan emocionada al saber que ese día me escucharía leer más gente de lo habitual. Adoraba leer. Me encantaba leer. Y decidí que podría ganarme la vida leyendo. Sin embargo últimamente la lectura me cansa. He pasado a leer sólo la primera frase de cada párrafo de los artículos de los periódicos (eso si son interesantes), a las revistas les echo un simple vistazo y siempre a las fotos. Los libros han empezado a acumularse de mala manera en mi escritorio y no tengo ni idea cuando los acabaré. Incluso ha traspasado a los libros e igual me ocurre con las canciones, de las que sólo escucho el estribillo o un par de frases concretas. Me cansan. Y lo peor de todo: he empezado a ver las películas dándole al avance rápido. CalorHace unas dos semanas que es semi-verano. Achacaré a la falta de lluvias tal sequedad que incluso se ha instalado en mi lengua y no me permite apenas articular palabra. La ventana indiscretaLlegada esta parte del año, siento la necesidad de verla otra vez, porque suelo situar las películas según estados de ánimo o fechas concretas (o casi concretas) y en estas noches en las que el calor empieza a golpear los cristales de la ventana, se me hace imprescindible volverla a ver. Es una de mis favoritas. Y hay un fragmento especialmente divertido, en el que Jeff (mi James Stewart preferido) habla con la enfermera, mientras ésta le da su masaje: Jeff: Vamos allá, una semana más... Tiene razón, creo que habrá problemas en este apartamento. Stella: Ya se lo he dicho. Jeff: Oh!, ¿no puede calentar eso? Stella: Activa la circulación de la sangre! Jeff: Comprendo... Stella: ¿Cuál es el problema? Jeff: Lisa Fremont. Stella: ¿Bromea? Es una joven hermosa y usted es un joven bastante saludable. Jeff: Espera a que me case con ella. Stella: Es normal. Jeff: Pero yo no quiero. Stella: No es normal. Jeff: No estoy preparado para el matrimonio. Stella: Todos los hombres lo están, cuando conocen a la chica adecuada y Lisa Fremont lo es para cualquiera con dos dedos de frente y que no esté ciego. Jeff: Mmm..., ella es perfecta. Stella: ¿Se han peleado? Jeff: No. Stella: ¿Tiene el padre la escopeta preparada? Jeff: Por favor, Stella. Stella: Ya ha pasado otras veces, algunos de los mejores matrimonios han empezado siendo amenazados con armas. Jeff: No es la chica ideal para mí. Stella: Claro, sólo es perfecta. Jeff: Demasiado perfecta, demasiado talento, demasiado hermosa, demasiado sofisticada, es demasiado todo menos lo que busco. Stella: Eso que busca, ¿es algo que se puede comentar? Jeff: Qué? Pero si salta a la vista! Pertenece a ese extraño y elevado ambiente de Park Avenue. Ya sabe, restaurantes caros, lujosos cócteles... Stella: Las personas sensatas pueden ir a cualquier parte. Jeff: ¿Puede imaginársela deambulando por el mundo con una cámara y solamente el sueldo de una semana en el banco? Si fuera una chica corriente, entonces... Stella: ¿No piensa casarse nunca? Jeff: Es probable que me case, pero cuando lo haga será con alguien que piense en mí y no sólo en un vestido nuevo o en langosta para cenar o en el último escándalo. Yo necesito una mujer que esté dispuesta a ir a cualquier parte y a hacer cualquier cosa y que le guste. Así que lo lógico es que se olvide de mí y que se busque a otro. Stella: Ya me lo imagino diciendo: “Largo de mi vida, mujer perfecta, eres demasiado buena para mí!”. Mire Sr. Jefferies, no soy una mujer de estudios pero puedo decirle una cosa, cuando un hombre y una mujer se gustan el uno al otro, se unen así: paf! Como si fuera un choque entre dos trenes y no se quedan sentados analizándose continuamente. Jeff: Hay un modo inteligente de enfocar el matrimonio... Stella: ¿Inteligente? Nada ha causado más problemas a la raza humana que la inteligencia, arg... matrimonios modernos... Jeff: Hemos progresado emocionalmente y... Stella: Tonterías! Antes, conocías a alguien, te gustaba y te casabas. Ahora se leen muchos libros, se emplean palabras de cuatro sílabas y se psicoanaliza a la otra persona hasta que no se distingue entre una relación amorosa y unas oposiciones al ayuntamiento. Jeff: Bueno, las personas tenemos diferentes niveles emocionales. Stella: Cuando me casé con mi marido no compartíamos las mismas ideas y todavía seguimos sin compartirlas, pero no hemos dejado de amarnos ni un solo minuto. Jeff: Eso es estupendo, ¿quiere prepararme un bocadillo, por favor? Stella: Ahora se lo hago, y le pondré un poco de sentido común en el pan. Se ve a la legua que ella rebosa amor por usted. Acepte el consejo que voy a darle: Cásese. Jeff: ¿Le paga mucho? Stella: Arg... Naturalmente, la tal Lisa Fremont es la bella Grace. |